
El último faro en la tormenta, ese destello débil que late envuelto entre brumas, es el de la sangre.
Navegarás tan lejos como desees sin él,
pero si lo pierdes, nunca podrás regresar.
pero si lo pierdes, nunca podrás regresar.
De cómo esta botella transatlántica llegó a tus manos exploradoras
No escribo para que me comprendan, sino para quienes me comprenden...